A lo lejos tus ojos se cruzan con los míos. Parece inevitable un encuentro en el espacio. Tu mirada me sigue mientras mis ojos te revelan.. Tu vista me recorre una y otra vez.
Tu mano roza la mía como un inocente tropezón.... Cuando en realidad son imanes que cobran vida, acercándose lentamente entre si. Cubres mi cuerpo y yo acaricio tu mejilla.... Lentamente recorro tu rostro, tu cuello, tu pecho... Cuando encuentro tu cintura, me quedo como un bote sin timón que me domine... Suavemente tu piel descubre mi pecho, y con una sutil caricia decide por si misma estacionarse para siempre.
Con anhelo y precaución tus labios se acercan a mi boca. Como un mendigo en un desierto, calmas tu sed. Beso es decir poco... es sencillamente un espectáculo. Intranquila tu boca decide recorrer mi cuerpo. Atravesar mis hombros y encontrarse con cada una de mis pecas. Continuar su camino sin importar que tan grandes sean las montañas al ir bajando en este temeroso recorrido..
Batallar con las ansias es tu única misión. Me besas. Te beso. La humedad del lugar nos supera. La mirada comienza a nublarse y la conciencia a esfumarse. Se nos olvida el pensamiento, el nombre y el lugar. Solo vivimos el momento.
El sabor de tu cuerpo se funde con el mío... El sudor de tu piel gota a gota se une a mi cama. El vaivén de tu cintura parece un baile cronometrado y la fricción de nuestros cuerpos se hace inevitable... Hasta que un suspiro, un simple suspiro, nos indica que llegamos al encuentro de nuestras almas.
Ahora una nueva intriga comienza, y a su vez da inicio a la esperanza de encontrar un nuevo amanecer, donde se repita esta escena, con la única ilusión, que esa vez... al menos por esa única vez…. tu anillo lleve mi nombre.
Tu mano roza la mía como un inocente tropezón.... Cuando en realidad son imanes que cobran vida, acercándose lentamente entre si. Cubres mi cuerpo y yo acaricio tu mejilla.... Lentamente recorro tu rostro, tu cuello, tu pecho... Cuando encuentro tu cintura, me quedo como un bote sin timón que me domine... Suavemente tu piel descubre mi pecho, y con una sutil caricia decide por si misma estacionarse para siempre.
Con anhelo y precaución tus labios se acercan a mi boca. Como un mendigo en un desierto, calmas tu sed. Beso es decir poco... es sencillamente un espectáculo. Intranquila tu boca decide recorrer mi cuerpo. Atravesar mis hombros y encontrarse con cada una de mis pecas. Continuar su camino sin importar que tan grandes sean las montañas al ir bajando en este temeroso recorrido..
Batallar con las ansias es tu única misión. Me besas. Te beso. La humedad del lugar nos supera. La mirada comienza a nublarse y la conciencia a esfumarse. Se nos olvida el pensamiento, el nombre y el lugar. Solo vivimos el momento.
El sabor de tu cuerpo se funde con el mío... El sudor de tu piel gota a gota se une a mi cama. El vaivén de tu cintura parece un baile cronometrado y la fricción de nuestros cuerpos se hace inevitable... Hasta que un suspiro, un simple suspiro, nos indica que llegamos al encuentro de nuestras almas.
Ahora una nueva intriga comienza, y a su vez da inicio a la esperanza de encontrar un nuevo amanecer, donde se repita esta escena, con la única ilusión, que esa vez... al menos por esa única vez…. tu anillo lleve mi nombre.
Marzo 2010
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