Recientemente tuve la experiencia de besar un sapo más. Un nuevo anfibio que no se convirtió en príncipe… y créanme mis queridos lectores que esta vez estaba segura que sí lo sería. Incluso lo besé en varias oportunidades para confirmar. Pero nada…. ¡qué ilusa!
Soy una mujer feliz. Estoy orgullosa de lo que soy profesional, espiritual, emocional, familiar y físicamente. Estoy conciente que no soy perfecta y tengo muchos detalles que arreglar, pero me siento muy bien con lo que soy.
Soy feliz porque me acuesto sola y no me siento vacía, porque soy capaz de salir sin un idiota de turno que pague mi entrada al cine o mi copa de vino. Porque si necesito compañía llamo a algún baboso, dejando claro que será una noche sin la obligación de la llamada del día siguiente. Sí. Soy feliz sola.
Pero ¿es pecado querer compartir mi almohada con alguien? No me gusta cocinar, pero estoy dispuesta a hacer un curso de chef si es necesario para dormir siempre acompañada. No es algo que necesito, es algo que quiero. Sí, soy feliz, y simplemente quiero alguien con quien compartir mi felicidad.
A este nuevo sapo que encontré, le entregué todo. Literalmente hice todo lo que estaba a mi alcance para satisfacerlo, realmente estaba convencida que éste sería “the one”. Jugué a la mujer perfecta. Fui robotina y lavaba medias e interiores. Odio, realmente odio cocinar y preparaba unas comidas divinas, fui rumbera, comprensiva, no formaba líos y no había gritos, fui cómplice y amiga. La mujer que sus padres querían para él, y lo mejor, fui la mujer que todos los hombres desean en la cama. Siempre lista. Hay que verle la cara a tener sexo con 42 grados de fiebre y con dengue, solo por satisfacerlo. Un amigo criticaba a su ex mujer por no dejarlo ver porno, y hasta eso compartía yo con el sapo. Todos los días aplicaba las mejores técnicas de actuación, usaba mi cara de inocente.
Todas las noches mientras yo preparaba la cena, el sapo se sentaba en la computadora a chatear en Facebook, hablando con la nueva “amiguita” de turno. Inteligentemente en lugar de armar un lío por esto, entraba al cuarto a darle de probar la salsa. ¿Quieres más sal mi amor? ¿Te gusta? ¿Qué opinas? Con alguna nueva interrupción, procurando que sintiera un poquito de remordimiento de conciencia y recordase que su mujer era yo. Pero esa palabra no estaba en su diccionario.
Y entonces no dejo de preguntarme. ¿En qué fallé? ¿Qué hice mal esta vez? ¿Cual fue mi error? Repasaba cada uno de mis movimientos. Y luego de mucho llorar por este sapo, y otros tantos más, comprendí que a los hombres es muy fácil entenderlos.
Son básicos, esa es la primera y única ley. Tienen tres funciones fundamentales, comida, sexo y dormir. Si una mujer se apega a esos tres principios tiene el camino hecho. Eso de pedir que diga la verdad y que ordene la cama está de sobra. A estos elementos se incluyen algunas variables, como beber, rumbear, deportes y mujeres, entre otros. Estos quedan en un segundo plano, pero que hacen una combinación perfecta.
Y entonces no dejo de preguntarme. ¿En qué fallé? ¿Qué hice mal esta vez? ¿Cual fue mi error? Repasaba cada uno de mis movimientos. Y luego de mucho llorar por este sapo, y otros tantos más, comprendí que a los hombres es muy fácil entenderlos.
Son básicos, esa es la primera y única ley. Tienen tres funciones fundamentales, comida, sexo y dormir. Si una mujer se apega a esos tres principios tiene el camino hecho. Eso de pedir que diga la verdad y que ordene la cama está de sobra. A estos elementos se incluyen algunas variables, como beber, rumbear, deportes y mujeres, entre otros. Estos quedan en un segundo plano, pero que hacen una combinación perfecta.
Luego de tantos libros, talleres y debates, la única respuesta al fracaso de las relaciones es el miedo. Miedo de los hombres a perder el control de su vida y miedo de las mujeres a quedarnos solas.
Los hombres no quieren casarse ni comprometerse, esto no significa más para ellos que la hipoteca de su libertad, tienen terror a que sus deseos no sean aceptados, a perder su economía, su autonomía, y quien sabe cuantas cosas más. Lo cierto es que tienen pavor de ser el próximo “Palomino Vergara” de la cuadra. Es por esto que prefieren seguir siendo sapos. Y las mujeres, estamos dispuestas a sacar todas las noches una sonrisa distinta, fingir un nuevo orgasmo y preparar una nueva receta con tal de “amarrarlos” y ligar que ¡ojala éste no se me escape!
Entendí que no falle yo, si acaso mi única falla fue querer amar, hacer de todo para que él me quisiera como yo quería. Y el problema es que éste, como muchos otros anfibios, no sabe lo que quiere, carece de personalidad y busca a muchas mujeres para sentirse un gran hombre. Piensa que acumulando trofeos logrará pasar de nivel en el videojuego que tiene por razonamiento, cerrado con seguro y que se perdieron las llaves. No fallé yo, solo quería algo que a él no le interesa: ¡COMPROMISO! Los hombres son cobardes de nacimiento, miedosos a aquello que les queda grande, y las mujeres, con nuestra verdad y ganas de matrimonio los aterramos.
En fin, no hay remedio, ni hay antídoto para el mal y agrio sabor que me dejó este sapo en la boca, solo queda pasar la página rápido, llegar al final de este capítulo y encontrar una nueva historia donde la protagonista sea yo. Me tocará quitarme el luto, salir de casa y buscar un sapo un poquito más inteligente, tampoco pido al príncipe de Blanca Nieves, solo encontrar esa historia, en la que en lugar de lágrimas hay sonrisas, porque definitivamente, estoy cansada de besar sapos.
Junio. 2010
4 comentarios:
Guao... Estuvo rudo, a veces somos medio brutos, hasta que nos toca a nosotros. Seguro pronto encontrarás uno que no sea tan sapo.
Gracias cariño. Estoy segura que no todos son sapos.. jeje! besitos.
Wuao... este post me agrado muchísimo! de hecho tengo uno muy similar en mi blog... se me hace curioso que algunos hombres y mujeres busquemos lo mismo sin encontrarlo, después de todo creo que no es cuestión de diferencias sexistas, sino de intereses y prioridades; lo esencial sigue siendo invisible para la gran mayoría... a la que gracias a Dios no pertenecemos!! mil puntos!!
te dejo el enlace a mi post: http://christiandd.wordpress.com/2010/06/05/mi-mujer-ideal/
La química es una base importante en las relaciones, estas, "dicen los expertos"... deberían de iniciar al revés, es decir, por las cosas en común, las afinidades, el carácter, los hábitos, los gustos, los puntos de vista y hasta los desacuerdos para culminar entonces con el enamoramiento si es el caso!
Muy difícil es encontrar a quien como tú Paty, eres feliz estando sola y estas dispuesta a compartir esa felicidad con una pareja, pero entonces, pienso!... que el sapo debería de estar en tu mismo canal porque!, sí no es así... tendrás que convertirte en su felicidad y te la pasarás tratando de complacerlo, tal como te pasó con este último.
Pensando en la relación utópicamente perfecta!, espero encuentres con quien desee compartir su felicidad con la tuya....
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